¿Vivimos la vida tal y como la estamos compartiendo?

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Nada es como parece. En estos tiempos, en cierto sentido llevamos una doble vida: la real, la tangible, esa en la que las lágrimas surcan nuestras mejillas; y la digital, en la que podemos decidir qué momentos compartimos, cómo y con quién. La vida digital podemos editarla, corregirla; la vida real, no. Puestos a elegir, a la hora de hablar de nosotros, solemos publicar lo más positivo: nuestros éxitos, nuestras cenas compartidas, nuestras cañas, nuestra felicidad. Sí, quizás posteamos un “tengo un mal día”, pero las lágrimas jamás podrán empañar la pantalla. 

Hace unas semanas publiqué una reflexión sobre la búsqueda de la felicidad en la actualidad: no nos pueden obligar, ni podemos obligarnos a nosotros mismos, a ser felices. Porque psicológicamente no es sano. En dicho post comentaba que tratar de ser felices nos hace sentir, en cierta medida, infelices. Y cito aquí una reflexión extraída de un estudio de Mauss, que recogía ahí:  valorar y desear la felicidad intensamente puede tener consecuencias negativas, como el incremento de sentimientos de soledad.

Meses antes, reflexionaba en otro post sobre los resultados de un estudio que afirma que uno de cada 3 usuarios se siente más triste después de consultar su Facebook, y me preguntaba ¿qué alternativas tenemos para no sentirnos así? Aunque no queramos exhibirlo o mostrarlo en nuestros perfiles, hay muchos momentos en los que estamos tristes, y, reconozcámoslo, somos algo envidiosos por naturaleza. Pero raramente lo mostramos en público: las redes sociales parecen estar a nuestro servicio para que podamos presumir, mostrar nuestro mejor “yo” y, digamos coloquialmente, molar.

Nuestro humor, o mejor dicho, el estado emocional que compartimos en Facebook afecta a nuestros amigos: los que ven en sus News Feed mensajes positivos utilizan palabras más negativas, mientras que aquellos que apenas leen estados negativos de sus amigos, utilizan palabras más positivas. 

Con todas estas reflexiones, quiero ir a parar a un cortometraje muy inspirador: ¿realmente nuestra vida es tan feliz como la publicamos? What’s on your mind?

What’s on your mind? from Shaun Higton on Vimeo.

Esta historia, que sí, será exagerada y tal, pero tiene su punto de razón, me ha recordado a la parodia de Oriol Puig a las bloggers de moda. Una parodia que, en cierta medida, se puede aplicar a nuestro afán por compartir felicidad en nuestras redes.

No podemos ser siempre felices. Dejemos de fingirlo.

@SolSolSolillo

Imagen: KayVee.INC

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Un pensamiento en “¿Vivimos la vida tal y como la estamos compartiendo?

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