beso rana cuento

Quiero una rana que hable

Qué razón tiene esta princesa: frente a promesas de sangre azul y zapatos de cristal, prefiere una rana que habla. De hecho, ahora tengo un antojo: quiero conseguir una rana que habla 😛 (bueno, quizás me conformaría con una mantis marina).

Pues sí: quiero una rana que hable. Llevando esta metáfora a mi sector, quiero una marca (o página, o perfil) que sea una rana, con unos contenidos que le den voz. Quiero que “mi comunidad” (cada vez me suena más impersonal este término) no quiera besar a mi marca, sino quedársela para siempre, como mascota.

Quiero una rana que hable. 

No quiero, como canta Sabina, besos de Judas; no quiero 14 de febrero ni cumpleaños feliz; yo no quiero comerme una manzana dos veces por semana sin ganas de comer. Te quiero igual, como Calamaro, mas sin peros: quiero el florero, pero con la flor; quiero el cenicero con ceniza; el sombrero en la cabeza, el mes de abril en el ropero.

Enseñaré a hablar a mi rana: le contaré historias, cuentos, fábulas y noticias; le haré pensar, le haré crear; le haré disfrutar y ¿por qué no? le haré escuchar. Quiero una rana que hable, pero quiero hablar con ella.

No quiero un final feliz, no quiero cumplir expectativas, sino sorprender. Quiero que tropecemos juntas, mi rana y yo, con lo inesperado, con ese “jamás pensé que lo dirías”. Pero lo diré, se lo diré a mi rana que habla. Y a quien quiera escucharme.

Quiero vivir #SinRedMedio. Un salto sin red, sin término medio.

Quiero un cuento, una historia, no un final feliz.

Las perdices, que se las coma otro, que a mí me repiten.

 

Imagen vista en Gandalf es poderoso porque lleva una batamanta.

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